Es una escena que se repite en muchas casas cada noviembre. El potus que llevaba todo el verano precioso empieza a soltar hojas amarillas, la calathea enrolla los bordes y el ficus pierde hojas como si de repente se hubiera vuelto caducifolio. Lo primero que pensamos es que algo falla con el riego. Pero si las plantas de interior están pegadas a una ventana, conviene mirar antes al cristal que a la regadera.
Las ventanas son, metro a metro, la parte de la casa por la que más calor se escapa, y eso lo notan antes las plantas que nosotros. Antes de mover macetas a ciegas, merece la pena hacerse una idea de cómo se comportan nuestros cerramientos. En deceuninck.es, por ejemplo, tienen una calculadora de energía que permite estimar cuánto se pierde por unas ventanas antiguas frente a unas actuales. Está pensada para la factura de la luz, sí, pero ayuda mucho a entender por qué el alféizar se convierte en el rincón más frío de la casa en cuanto baja el termómetro.
El cristal frío: lo que no vemos desde el sofá
Podemos tener 21 grados en el termómetro del pasillo y, a la vez, una franja de aire bastante más fría pegada a la ventana. Con un vidrio simple y una noche de helada, la cara interior del cristal se queda a muy pocos grados por encima de cero. El aire que la roza se enfría, pesa más y cae sobre el alféizar como una pequeña cascada invisible. Justo donde solemos colocar las macetas.
Casi todas las plantas de interior que tenemos en casa proceden de selvas tropicales y subtropicales. Por debajo de 10 o 12 °C muchas empiezan a resentirse: bordes que se oscurecen, manchas translúcidas, caída de hojas sin motivo aparente. Y si una hoja llega a tocar el vidrio, el daño puede aparecer en una sola noche. Es el mismo mecanismo que explicábamos al hablar de las heladas en los cultivos, solo que a escala de salón.

Condensación: el problema que acaba en la maceta
El otro efecto llama menos la atención, pero dura todo el invierno. Con el aire de casa a 20 °C y una humedad del 60 %, el agua empieza a condensar sobre cualquier superficie que esté por debajo de unos 12 °C. Un cristal sencillo lo está prácticamente cada mañana de enero. De ahí las gotas que resbalan hacia el marco y ese cerco negro que aparece en las esquinas.
Toda esa agua termina en el alféizar, empapa los platos y mantiene el sustrato frío y húmedo durante días. Raíces frías y encharcadas son la receta perfecta para la podredumbre, para los hongos de suelo y para las moscas del sustrato, los esciáridos (llamadas coloquialmente moscas del mantillo), que adoran la turba mojada. Si sospecháis de alguno de estos problemas, en nuestra sección de plagas y enfermedades tenéis fichas para identificarlos y tratarlos.
Qué mirar en una ventana si queremos plantas junto a ella
No hace falta ser técnico para evaluar una ventana. Hay cuatro detalles que dicen mucho de ella:
- El vidrio. Un doble acristalamiento con cámara, y mejor aún si es bajo emisivo, mantiene la cara interior mucho más templada. La prueba es sencilla: poner la palma de la mano sobre el cristal una mañana de helada
- Las juntas. Un burlete cuarteado deja pasar corrientes que las plantas notan antes que nosotros. Revisar juntas es de esas tareas pequeñas que rinden muchísimo.
- El cajón de persiana. Es un hueco en la fachada del que casi nadie se acuerda, y por él entra aire frío justo encima de la ventana.
- Si la ventana tiene muchos años y estamos pensando en cambiarla, conviene preguntar por la transmitancia térmica (la famosa U) del conjunto, no solo del vidrio. Y si de momento no toca reforma, todavía hay bastante margen de maniobra.
Mientras tanto: ajustes que salvan el invierno
Lo primero, separar. Con dejar 20 o 30 centímetros entre las hojas y el cristal, las plantas de interior ya notan el cambio. Por la noche, si bajamos la persiana o corremos una cortina gruesa, las macetas deben quedar del lado de la habitación y no atrapadas entre la tela y el vidrio, que es la zona más fría de toda la casa.
Lo segundo, regar menos. En invierno la mayoría de las plantas de interior crecen muy despacio y el sustrato tarda mucho más en secarse. Mejor meter el dedo un par de centímetros y esperar a que esté seco que seguir con el calendario del verano. Y vaciar siempre el plato pasados 15 o 20 minutos.
Lo tercero, ventilar con cabeza. Diez minutos con la ventana abierta a media mañana bastan para renovar el aire y bajar la humedad que provoca la condensación. Eso sí, con las plantas apartadas de la corriente. Todo esto de la humedad también se ha de tener en cuenta en según qué climas. Uno clima continental español típico de meseta es bastante seco y con las calefacciones todavía más. Así que en este caso, la humedad dentro de los hogares tampoco viene mal. Eso sí, evitar que venga de la condensación de ventanas. Hay muchas formas de humidificar ambientes secos de interior.

Y si en alguna habitación la ventana es especialmente fría, quizá no sea el sitio para la calathea por ejemplo. Hay especies mucho más sufridas; repasamos unas cuantas en nuestra selección de plantas para ambientes de poca luz, y para estancias con cambios bruscos de humedad, como la cocina, también tenemos una lista de plantas de interior que se adaptan bien a la cocina.
Una casa cómoda para nosotros también lo es para ellas
Al final, lo que le ocurre a una planta junto a una ventana mal aislada es una versión exagerada de lo que nos pasa a nosotros: frío en los pies, corrientes y alguna pared con moho. Si una maceta lleva varios inviernos sufriendo en el mismo rincón, puede que nos esté avisando de algo que va más allá de la jardinería. Merece la pena hacerle caso.
¿Y tú? Habías tenido en cuenta alguna vez, la interacción planta-ventana en tu piso o casa? Cuéntanos en los comentarios.









