¿Qué significa vivir una vida sostenible?

Si vives en cualquier país mínimamente desarrollado, en las últimas décadas nos meten por los 5 sentidos estos dos «palabros» y la población en general parece no concienciarse del todo. ¿Hay que hacerlo? ¿Tenemos que ser nosotros individualmente los primeros concienciados? Son preguntas al aire que me hago que tienen difícil respuesta y seguramente daría para debates interminables. Seguimos con nuestras vidas y la realidad es que salvo imposición legal, impuestos varios (excesivos incluso), campañas educativas e incluso agendas europeas como la 2030 (también con matices que habría que tratar a fondo…), el porcentaje que intenta llevar este tipo de vida es mínimo.

¿Qué significa vida sostenible? ¿Sostenible con quién? ¿Con qué? ¿Se puede llegar a esto? ¿Quién pone los límites de lo que se considera sostenible o no? Hagamos una reflexión y centrémonos en la parte que nos toca de este blog, que al fin y al cabo es la agricultura en toda su dimensión (tanto la agricultura de autosuficiencia como la tecnificada desde la perspectiva de negocio rentable).

Amplitud del término «vida sostenible»

Esto es amplísimo. Resumamos qué hace un habitante medio de casi cualquier país desarrollado:

  • Tiene un trabajo
  • Tiene una casa
  • Invierte tiempo y dinero en ocio
  • Se va de vacaciones 1 o 2 veces al año
  • Tiene al menos un medio de transporte propio (coche en la mayoría de casos).
  • Consume alimentos
  • Consume bienes y servicios

Entendemos por vida sostenible, aquella vida que satisface nuestras necesidades (individuales, colectivas…) generando el mínimo impacto en los recursos naturales, de manera que permita a las generaciones futuras vivir un entorno saludable, de recursos no agotados y a la vez manteniendo un crecimiento o una sostenibilidad económica que nos permita llegar a las metas personales que cada uno se proponga.

¿Qué consideramos hoy por vida sostenible? Aquí tenemos un ejemplo de blog sobre vida sostenible. ¿Lo es realmente? Eso te dejo que lo decidas tú. Yo voy a poner dos extremos a continuación para sentar unas bases de qué podría ser y qué no.

Si nos fuéramos al primer extremo, un ermitaño, un eremita, un asceta serían extremadamente sostenibles. Son los mayores entes ecologistas que existen. Personas con una profunda vida interior que viven en solitario, haciendo un uso energético mínimo, prácticamente sin impactar en el medio, con lo justo para vivir. Todos tenemos claro que esa vida no la podemos llevar los 8000 millones que somos. Casi todos ni querríamos llevar ese tipo de vida.

En el otro extremo, una persona con suficiente dinero, apalancada en hábitos extremadamente consumistas (no capitalistas, que no es lo mismo), devoradora de energía sería el extremo opuesto ¿no? El capitalismo se fundamenta en el trabajo, el ahorro y la inversión, no en el consumo. El consumismo es otra cosa y es en lo que está inmersa occidente desde hace decenios.

Si te das cuenta, la tendencia social general tira más a este lado de la balanza (derecha) que al otro. Aunque tengas pajitas de bambú en vez de plástico, aunque tengas una caldera de condensación, aunque compres cosas «certificadas como eco», aunque te compres un «coche híbrido/eléctrico», aunque compres el café o el cacao en el comercio justo, aunque compres ropa «eco», aunque tengas tres cubos de colores en la cocina para reciclar, aunque cultives 4 tomates en el balcón… Puedo poner mil ejemplos más pero creo que se entiende el argumento. ¿Crees que eso es suficiente para evitar un consumo energético desmesurado y un desgaste material del planeta?

Las comodidades, el tenerlo todo fácil, a golpe de tarjeta, que me lo traigan, que me lo den hecho para que pueda dedicarme a lo que realmente quiero es lo que me empuja a satisfacer necesidades y a invertir mi tiempo y dinero en consumir para no tener que hacerlo yo. Necesidades reales o necesidades impuestas. ¿Necesitamos un coche? ¿Necesitamos un smartphone? ¿Necesitamos irnos de vacaciones a la otra punta del mundo al menos una vez cada año o 2 años? Igual sí, igual no. Depende de cada uno. Unos sacrificarán unas cosas, otros otras, otros ninguna, porque ¿quiénes somos para impedirle viajar a alguien? Si considero que ir a trabajar andando o en bici es un hábito de vida sostenible ¿te puedo criticar por ir en coche?, ¿te lo puedo prohibir…?

En lo que nos toca, la agricultura, hay un término que define en su máxima expresión la sostenibilidad en este ámbito. LA PERMACULTURA

¿Qué es la permacultura?

Esto ya lo hemos tratado en Agromática en artículos de hace bastantes años. Te los dejamos por aquí, pero te hacemos un pequeño resumen. La permacultura responde a 7 principios en los que, siendo realista, hay que matizar ciertas cosas según mi opinión.

  • Manejo de la tierra y la naturaleza (bancos de semillas, regeneración de entornos y ecosistemas, convivencia de plantas en estos biomas naturales… (esto muchas veces se pelea con los rendimientos productivos a la hora de alimentar a tanta gente. Es un dilema complicado).
  • Bioconstrucción: Construcción de casas lo más pasivas posible (esto es algo muy complejo en las sociedades y urbes actuales). Se tiende a ello con los certificados energéticos de las viviendas pero son imposiciones gubernamentales mal ejecutadas que acaban teniendo partes negativas que no compensan el beneficio global.
  • Herramientas y tecnología: basado en el uso de energías renovables y el aprovechamiento eficiente. Tal y como estamos con la energía en 2022 es un tema que levanta ampollas y muy dificil de tratar por cómo (no) ha llevado Europa la transición energética.
  • Educación y cultura: Conciencia social y educación de forma holística en todos los ámbitos de la vida. Aquí entra la disyuntiva de si eso implica en imponer una cultura a gente que no quiere aceptarla. ¿Aceptarías ser un ermitaño para no contaminar? Yo dejo ahí la pregunta y la reflexión corre de tu cuenta.
  • Bienestar físico y espiritual: Alimentación saludable, deporte… En eso estamos de acuerdo.
  • Economía y fianza: Basada en el intercambio, el ahorro, bajo consumo. En muchos casos incompatible con los modelos de producción actuales. No digo malos, digo actuales. No juzgo si son malos o no, pero la realidad es que dan de comer a mucha gente. Y sustituir eso es difícil.
  • Tenencia de la tierra y gobierno comunitario: La idea de la cooperativa está a la orden del día en este ámbito y no me parece mala idea. Asociaciones civiles libres de ponerse de acuerdo en cómo gestionar tierras individuales para un bien común.
permacultura, vida sostenible

Podrás encontrar muchos más matices de lo que significa la permacultura. Nos ha llamado la atención el concepto de la permacultura según Diario responsable que ya incluso diferencian entre permacultura urbana y rural. Y tiene bastante sentido. Muchos de los principios antes descritos son difícilmente abarcables en urbes y seguro que hay matices que hay que modificar, o readaptar para llegar a tendencias similares pero no iguales. Todas esas pegas que pongo en los 7 principios, quizá se puedan acomodar dentro de pequeños gestos enmarcados dentro del concepto permacultura urbana.

¿Tener un huerto es una forma de permacultura?

Es un pequeño gesto sí. Ahora bien. Si hablamos de rendimientos, gasto, contaminación y recursos utilizados para cultivar un huerto igual te sale más caro que comprar la fruta y verdura. Además, energéticamente igual no sale tan «eficiente«. Imagina aquella persona que tiene un huerto a 5-15 km de su vivienda (en las ciudades ocurre más de lo que parece), en una parcelita en un pueblo cercano. Si usa el coche para ir y venir a regar, toda esa buena intención, se quema en forma de litros y litros de gasoil. Mejor ve a la tienda de abajo de casa, compra los tomates.

Si vas a cultivar un huerto por razones medioambientales plantéate el resto de tu existencia de la misma forma. El transporte, la alimentación, el ocio, los bienes materiales, tus vacaciones, lo que compras…todo. Es la única manera de acercarse al ideal de la permacultura sin llegar a caer en la hipocresía más absoluta.

Cultivar tus propios alimentos en un jardincito usando o no la permacultura como ideal para impactar menos en el planeta es una fantástica idea casi utópica a la que tender, pero no te digas a ti mismo que estás ayudando al planeta porque la realidad es que de lo que cultivas a lo que consumes durante el año no creo ni que llegues al 5%. El otro 95 lo compras de la agricultura y ganadería tradicional. Hablo en general. Si lo haces, hazlo porque te gusta, porque quieres aprender, porque quieres ver crecer aquello que normalmente compras en bandejas, por afición… Porque los beneficios de cultivar un huerto son muchos, pero llegar a la autosuficiencia alimentaria y la vida sostenible requiere mucho más esfuerzo de lo que nos pensamos, pero mucho más.

¿Crees que llevas una vida sostenible? ¿Ha cambiado tu percepción sobre al asunto al leer este artículo? Déjanoslo en los comentarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio