herramientas y tecnicas del huerto

Técnicas y herramientas para mejorar el huerto y jardín

Inicio > Guía de huerto y jardín > Técnicas y herramientas para el huerto

La asociación de cultivos en el huerto

La asociación de cultivos en el huerto es un hecho estudiado, analizado y constatado. Se han realizado innumerables pruebas en las que se reflejan cambios en el hábito del crecimiento de las plantas cuando crecen junto a otras. Es lo que se conoce como simbiosis vegetativa.

El hecho de que ciertos cultivos se ayuden mutuamente y otros se entorpezcan viene dado por el espacio en el huerto, los nutrientes o por su comportamiento ante plagas y enfermedades.

Es por eso que debemos aprovechar aquellas asociaciones favorables y alejar en la distancia aquellos cultivos que tienen una mala asociación. Utilizando esta técnica no sólo aumentaremos con facilidad la producción y el crecimiento de nuestro huerto sino que el esfuerzo del horticultor por conseguir los mismos resultados será menor.

Además, la asociación de plantas va ligada con la rotación de cultivos, que también tendrá cabida en esta guía. Son técnicas que permitirá mejorar el rendimiento de nuestro huerto o jardín.

De nada servirá realizar una rotación exitosa de especies si luego se cultivan de forma conjunta especies antagonistas.

asociacion de cultivos

Los abonos verdes 

Los abonos verdes son también un clásico cómo técnica de huerto para mejorar el sueloSe basan en aprovechar los nutrientes que surgen de la descomposición de determinados cultivos, como leguminosas, gramíneas o crucíferas. Algunos de sus beneficios son los siguientes:

  • Aumento de los niveles de nitrógeno disponibles en el suelo.
  • Estimulan el crecimiento y la actividad de los microorganismos beneficiosos del suelo.
  • Equilibran la relación C/N de la materia orgánica habida en el suelo.
  • Mejora la estructura del suelo y aumenta la porosidad, por lo que se obtiene un aumento de la humedad.
  • Protegen la superficie del suelo de la erosión.

El acolchado del huerto o jardín

El acolchado o mulching quizá sea una de las técnicas más efectivas para conservar la humedad del suelo.

Se basa en utilizar productos naturales para crear una capa en el suelo que retenga la humedad, y a la vez, dependiendo del material usado, también sirva como materia orgánica aprovechable para las plantas.

Sólo hay que tener una consideración (aparte de elegir convenientemente el material del acolchado, que lo podréis comprobar en el enlace anterior), y es que no podemos pasarnos con el grosor del mulching.

Una capa excesivamente gruesa y compactada supone una pérdida de oxigenación del suelo y, por tanto, de las raíces.

Rotación de cultivos en el huerto ecológico

La rotación de cultivos consiste en equilibrar la forma en la que se cultivan distintas plantas. Un cultivo que es gran consumidor de nitrógeno encajará bien con otro cultivo que no lo sea, y así con muchas variables.

Además, hay una serie de premisas que hay que cumplir a la hora de realizar una buena rotación en tu huerto ecológico:

  1. No cultivar sucesivamente plantas de la misma familia.
  2. No suceder cultivos de las mismas características (cultivos de hoja, cultivos de raíz, cultivos de raíz, etc.).
  3. Introducir como mínimo cada 2 años una leguminosa fijadora de nitrógeno en el suelo.
  4. Alternar cultivos con grandes exigencias nutricionales con cultivos con bajas exigencias.

El cultivo en espacios protegidos

No todos los hortelanos tendrán la suerte de disfrutar de un clima apacible en el que poder disfrutar de gran variedad de cultivos a lo largo de todo el año.

Las zonas muy frías se limitan a cultivar desde primavera hasta finales de verano, dejando de lado sin más remedio hortalizas y verduras de hoja que no son propias del verano.

Aunque después de la época estival, el frío va apareciendo poco a poco, hay zonas donde a finales de septiembre ya puede caer alguna helada dañando los cultivos jóvenes. Por lo tanto, y sin más remedio, toca resignarse a no cultivar o bien diseñar sistemas que protejan los cultivos.

La función que realiza un espacio protegido es proporcionar una calidez suficiente para que las especies más sensibles puedan germinar o desarrollarse.

Por lo tanto, entre los medios que cumplen esta función se pueden encontrar multitud de sistemas y elementos.

  • invernaderos de plástico, madera o metal
  • Túneles de cultivo
  • Botes y botellas (como método casero)
  • Cajas protectoras
  • Almácigos (bandejas de semillas con alveolos)
  • Semilleros

El túnel de plástico

El túnel de plástico supone una ventaja en comodidad frente a otros espacios protegidos. La respuesta viene porque, al contrario de los invernaderos, el elemento se dispone sobre los cultivos y no al revés, de forma que podemos aprovechar lo bueno que ofrece un bancal profundo u otra técnica de cultivo y la utilización de dicho túnel de plástico.

Aunque parezca un sistema arcaico, protege contra el frío y la lluvia, aumenta la humedad en el interior, protege del viento, reduce la afección por plagas y evita el ataque de animales grandes como pájaros, ratones de campo o topos.

El semillero

El semillero es otro ejemplo de sencillez a la hora de proteger los cultivos frente al clima. Se tiene la posibilidad de construir uno de acuerdo al tamaño requerido, o bien, si no se tienen los medios adecuados, comprarlo directamente en tiendas especializadas.

Si se desea fabricarlo en casa el sistema es muy sencillo. Una base cuadrada (de 1 x 1 o 1,5 x 1,5) metros levantada a una altura de entre 20 y 30 cm, ya sea mediante ladrillos, madera o bloques de hormigón, y cerrada en la parte de arriba con plástico transparente o cristal a modo de tejado.

Dicho tamaño es suficiente para disponer algunas plantas rastreras si se tiene intención de germinar en época de frío, o bien colocar uno o varios almácigos dentro de él. Aunque el vidrio ofrece mayores posibilidades, tales como mayor efecto térmico y resistencia a la lluvia o al viento, si no se dispone de dicho material, el plástico también cumple su función.

La ventilación del semillero

Si las paredes se han sellado bien y el vidrio o plástico del tejado encaja correctamente, la oxigenación del almácigo se reducirá progresivamente.

Esto no es del todo recomendable, por lo que durante el día debemos abrirlo parcialmente (situando una piedra o una tabla de madera entre la pared y el vidrio, por ejemplo) y dejándolo así durante las horas de máxima radiación solar.

Una vez la temperatura baje, conservaremos dicho calor acumulado volviendo a cerrar el semillero. Será suficiente para mantenerlo caliente durante toda la noche.

Una buena idea para calentar el suelo sin costo alguno (al fin y al cabo es donde más se necesita) es disponer una cama caliente debajo del almácigo. Este deberá ser portátil (construido de madera o materiales plásticos) con el fin de poder preparar la cama caliente y colocarlo justo encima.

La preparación de la cama caliente es un proceso sencillo. Básicamente consiste en un montículo de 60 cm de estiércol fresco o compost recubierto de tierra o paja que conserve bien la calidez.

El calor que se desprenda en el proceso de fermentación será suficiente para mantener el suelo del almácigo caliente.

Si no se dispone de tales medios, siempre se puede recurrir a medios tecnológicos como calefacción radiante en el suelo o por aire, funcionando con termostato.

A su vez, en tiendas especializadas también se podrán adquirir pequeños semilleros que se conectan a la corriente eléctrica y permiten mantener el habitáculo caliente.

El cultivo en invernadero

cultivos protegidos en invernadero

Algo bien distinto a lo anterior, por las características y la forma de disponer los cultivos, es el invernadero.

Este sistema de protección de cultivos ofrece todos los medios para poder cultivar cualquier herbácea consiguiendo temperaturas hasta 5 veces superiores a las del exterior, contando con que también es posible disponer medios de producción de calor como calefactores, o difusores de agua en verano para aumentar la humedad relativa.

Existen muchos tipos de invernaderos, aunque se suelen clasificar de forma simple: móviles e inmóviles. Aquellos que se pueden transportar están hechos con los mismos materiales con los que se fabrican los túneles de plástico.

Son más vulnerables a las interacciones climáticas (el viento, golpes mecánicos, lluvia, granizo, etc.) pero se pueden transportar.

Por otro lado, están los invernaderos de obra (ya sean con estructura metálica o de madera y recubiertos de cristal o plástico), con una resistencia mecánica mayor y, en general, con mayor capacidad de retención de la temperatura, menores pérdidas energéticas y mayor tamaño.

En cualquier caso, estos tipos de invernadero comentados cumplen la función de permitir el crecimiento de especies sensibles al frío en zonas donde el clima no es el más idóneo para su cultivo.

El invernadero sin suelo o con suelo

Hay también una diferencia a la hora de interactuar con el invernadero. Por un lado existen aquellos que disponen de sustrato o tierra donde cultivar directamente.

Las plantas realizan todo el ciclo de cultivo dentro de este elemento de protección, por lo que, a menudo, es interesante disponer de sistemas de apertura de puertas o ventanas.

Por otro lado, están los invernaderos que consisten en un pequeño espacio con baldas (si es vertical) o un pequeño túnel cubierto de plástico (si es horizontal) y cuya función es únicamente poder disponer macetas o almácigos durante un corto periodo de tiempo, limitado siempre por el tamaño y la altura de las plantas.

Estos últimos no traen mayores cuidados más que construirlos o comprarlos y disfrutar de ellos. Sin embargo, los inmóviles que se levantan sobre suelo natural, tienen algunas tareas de mantenimiento, sobre todo ligadas al suelo.

En el caso de escoger el primer sistema, el de suelo natural, no se debe permitir dejar la estructura y composición de la tierra tal cual nos la encontramos.

Hay que realizar una buena mezcla del sustrato con arena y mezcla de compost o estiércol, obteniendo un suelo suelto con buen drenaje, con un control adecuado de su pH y libre de hierbas adventicias.

Hay que tener en cuenta que el suelo de un invernadero preparado está listo para recibir cultivos durante todo el año, queramos o no darle descanso. Por eso hay que tener especial cuidado para evitar que se instalen plagas o enfermedades en su interior.

En cuanto a esta esterilización, la solarización constituye una alternativa totalmente ecológica para reducir la carga de patógenos que inhiben el crecimiento de las plantas.

Consiste en colocar una lámina de plástico alrededor del suelo en las épocas de máxima radiación, de forma que se alcanzan grandes temperaturas en el interior del sustrato por medio del conocido efecto invernadero.

El huerto ecológico. ¿Cómo empezar?

el huerto ecologico en los inicios

El éxito del horticultor se basa en la planificación. Hay que tener en cuenta algunas variantes como el tamaño disponible en el huerto, las rotaciones, el calendario o la disponibilidad de semillas.

Además, también habrá que tener en cuenta las labores preparatorias del suelo, su corrección del pH si es necesario, la incorporación de materia orgánica o el mullido del suelo.

Dichas operaciones tan comunes en el huerto se recomiendan ejecutar como mínimo 1 o 2 meses antes de empezar a plantar, por lo que deberá tenerse en cuenta en el calendario de actuación.

Igualmente, antes de pensar en cultivar, hay que resolver una serie de variables que influyen de manera importante en el desarrollo del huerto.

En la mayoría de veces, el horticultor podrá intervenir y modificar dichas características mencionadas a placer, considerando a su juicio que producirán los mejores efectos sobre sus futuras plantas.

Éstas son las siguientes consideraciones a tener a la hora de “instalar” un huerto en el jardín:

  • Emplazamiento
  • Orientación
  • Viento
  • Pendiente
  • Agua
  • Suelo
  • Iluminación

Emplazamiento del huerto

En cuanto a la situación donde se dispondrá el huerto, muchas veces es una elección imposible. El terreno existente es el que hay y punto.

El tamaño del que se disponga podrá suponer una limitación de la cosecha, pero nunca supondrá un problema, ya que hay muchas formas de optimizar el espacio.

El horticultor tiene que tener una idea firme: en pocos metros se pueden conseguir cosechas muy variadas.

Sin embargo, puestos a elegir, la opción más recomendable es una disposición cercana a la cocina, a los compostadores o a la nave de aperos, todo ello contando con que nunca faltará disponibilidad de agua.

Con ello reduciremos considerablemente nuestra carga de trabajo y resultará mucho más cómodo realizar las tareas de campo  o trasladar nuestra cosecha al almacén o a la despensa.

Orientación del huerto

Si se tiene el privilegio de poder orientar el huerto ecológico por tener suficiente espacio de cultivo, hay que orientarlo en dirección norte-sur o por lo menos cercana a la orientación sur, ya que, de este modo, recibirá la mayor exposición solar posible.

Sin embargo, la orientación debe ser, en nuestra opinión, la última de las consideraciones a tener. Viniendo al caso, una helada intempestiva afectará al huerto esté o no orientado de la mejor forma posible.

Por tanto, la orientación quedaría como un elemento recomendable siempre que se cumplan otras condiciones más importantes.

Esto es: acceso al huerto, comodidad, protección contra el viento y elección de las variedades a cultivar.

Si se puede elegir, perfecto. Si no, no habrá mayor problema.

La ventaja y desventaja del viento

El viento, si es fuerte, no es beneficioso para un huerto, y por tanto es un elemento que se debe controlar.

Una corriente suave de aire, sin embargo, sí que resulta positiva para los cultivos, porque renueva el aire entre las plantas, favorece la transpiración y reduce la proliferación de enfermedades, que buscan entornos húmedos para expandir su masa de hifas por toda la planta.

Además, el viento, siendo suave, elimina la estratificación térmica producida en días calmados, evitando la acumulación de aire frío cerca del suelo y, por tanto, disminuyendo las probabilidades de afección por heladas.

Si un huerto está expuesto totalmente a la acción del viento se producirán daños mecánicos en las plantas, caída de frutos, dispersión del riego, impedimento de actividad de insectos polinizadores, sequedad, erosión, etc.

En definitiva, factores que mermarán de forma importante el rendimiento y la actividad de los cultivos.

Conociendo los posibles efectos del viento sobre las plantas, se podrá contrarrestar su acción negativa mediante la incorporación de cortavientos vegetales (setos, árboles frondosos, arbustos, etc.), vallas, cercados o la propia pared de la casa o almacén.

Sin embargo, esto sólo será necesario en caso de que por la situación del huerto en el entorno, esté sometido de forma continuada a vientos que impidan su desarrollo normal, lo cual no es común.

Una práctica útil es disponer un cerco alrededor del huerto de cultivos de gran follaje, que actúan como un parapeto natural contra el viento.

Un caso claro, por ejemplo, las habas o cualquier leguminosa de mediano tamaño y de cultivo sencillo.

Cumple una triple función.

Por un lado, reduce la fuerza del viento al actuar como muro vegetal, realiza una fijación biológica de nitrógeno y, finalmente, ofrece una gran cosecha.

La pendiente del huerto

Una pendiente pronunciada es un elemento que no garantiza las mejores condiciones para el cultivo.

A partir de 2 o 3 % de pendiente hay riesgo de erosión del suelo y menor aprovechamiento del agua de riego (se desplaza hacia zonas con menor pendiente), por lo que la calidad del suelo se reduce considerablemente.

Contra este problema es sencillo actuar porque, al estar trabajando sobre un pequeño terreno en el que continuamente se incorpora materia orgánica, se va reduciendo gradualmente dicha pendiente.

Lo ideal es un terreno llano para una mayor asimilación de agua y nutrientes. Esto se puede lograr mediante una azada o pala y el esfuerzo del horticultor.

Acceso al agua y equipo de riego

Un riego frecuente del huerto es indispensable para su éxito. Cada planta requiere necesidades distintas y se podrá comprobar en el apartado específico de cada cultivo, más adelante. Lo que acontece en este punto, antes de cualquier actividad en el huerto o elección de variedades, es la elección del sistema de riego.

Es lógico pensar que la disponibilidad de agua condiciona enormemente el emplazamiento del huerto.

De hecho, es una opción que está por encima de la calidad del suelo o de la orientación del huerto, ya que por muy bueno que sea el suelo, si no hay agua, no habrá vida.

Hablando de los sistemas de riego, hay distintos tipos y su elección depende también del tiempo que el horticultor pueda dedicar al mantenimiento de su huerto. ç

La inversión económica también puede ser un factor  limitante sobre todo cuando se precisa de un grupo de bombeo y una instalación para captar agua de pozo.

Aquí se pueden ver los distintos sistemas, para elegir el que se crea más conveniente y oportuno en el huerto.

Riego tradicional o manual

Es el más económico pero requiere mayor tiempo y trabajo. Se puede elegir cuándo y cuánto regar, según las necesidades de cada planta.

Hacerlo con cubos, con regadera (más aconsejable), con una manguera, etc.

Todo esto repercute en el esfuerzo del horticultor por el transporte de agua y por tener que agacharse para realizar un buen mojado del bulbo húmedo.

Es un método tradicional y altamente efectivo, pero no puedes tomarte vacaciones.

Riego automático por goteo

Este sistema es el más caro por los elementos que lo componen: goma de goteo, porta goteros, válvulas, temporizadores, etc.

Sin embargo, permite una despreocupación casi total por el riego, ya que los días que se programe, se efectuará el riego de forma automática, según el tiempo y caudal que el huerto requiera.

Riego por aspersión

Es otro de los sistemas automáticos de riego, en el que el chorro de agua sale con más presión, llega a zonas más alejadas y la dispersión de la gota es mayor.

Sin embargo, quizá no sea del todo indicado para tu huerto, debido a que los chorros de agua que salen del aspersor llegan a mojar las hojas de tus hortalizas, pudiendo provocar un exceso de humedad que desemboca en la aparición de enfermedades.

Recuerda que a las plantas se les riega a través de las raíces, no de las hojas.

Riego por exudación

El sistema del riego exudante es uno de los más indicados dentro de la gama de riego automático para pequeños huertos.

Consiste en una goma porosa y permeable que deja escapar el agua de forma constante y equilibrada, produciendo un riego homogéneo.

De esta forma se evita que se concentre todo el caudal en un solo punto, con lo cual no existirán problemas de encharcamientos y las plantas se podrán disponer libremente, sin estar condicionadas por los puntos por donde sale el agua, como en los goteros o aspersores.

Será tu decisión, si te inicias por primera vez en la horticultura, elegir el mejor sistema de riego.

El más efectivo será aquel que más cómodo te resulte en función del tiempo que dispongas, el tamaño de la parcela y las posibilidades económicas.

Lo mejor es coger papel y bolígrafo, pedir presupuesto y hacer las cuentas.

Las técnicas del horticultor, tipos y formas de cultivo

parades en crestall

Los resultados obtenidos por el horticultor dependerán, aparte de todos los factores ya comentados, de la forma en la que explota el suelo.

Años y años de agricultura doméstica, aquella que ha alimentado a muchísimas familias de forma autosuficiente, han permitido recoger un listado amplio de formas de cultivar.

Algunas requieren más esfuerzos y recursos, otras se aprovechan de la forma de disponer la tierra o facilitan la labor del horticultor, y otras, por sus características, permiten que puedan implantarse en una ciudad, por muy cosmopolita que sea.

Tú, como horticultor, elegirás la que más fácil y cómoda te resulte, de acuerdo con la información que aportamos.

Huerto ecológico en ojo de cerradura

El bancal profundo

El método del bancal profundo es el protagonista del sistema de huertos pequeños, donde se cultiva gran cantidad de plantas en poco espacio.

Dado que se asume que en la mayoría de los casos no dedicaremos muchos metros cuadrados a nuestro huerto, por comodidad o por los medios de los que disponemos, lo que queremos es sacar el máximo provecho de él.

Esto se consigue en buena parte gracias a este antiguo sistema, denominado bancal profundo, método francés intensivo o método chino, estudiado por Alan Chadwick en California,  un jardinero inglés creador de algunas de las innovadoras técnicas actuales en agricultura ecológica.

Este sistema, de una u otra forma, ya se practicaba en Francia siglos atrás donde los ciudadanos se desplazaban a través de carruajes tirados por caballos. En esto último se basaba el secreto de este método, la gran producción de estiércol.

Como la materia orgánica no era un problema, se añadía en grandes cantidades al suelo, consiguiendo un gran rendimiento y una producción de todo lo que se cultivase. Poco más hacía falta que disponer la semilla incluso a voleo sobre el sustrato. La tierra, el estiércol y la lluvia hacían el resto.

En la actualidad disponemos de una cantidad bastante menor, tanto de estiércol como de compost, pero realmente merece la pena aprovechar lo poco que se tenga en diseñar un sistema como este.

Hablando en cantidades y rendimiento, bajo este método se consigue una producción hasta 4 veces superior a un huerto normal y corriente.

No sorprende los resultados obtenidos dados los niveles de nutrientes minerales disponibles fácilmente para la planta, la esponjosidad del terreno cuando no se pisa y la facilidad de las raíces para desplazarse y crecer libremente.

Descubre el método del bancal profundo

El diseño “Parades en Crestall” de Gaspar Caballero

En línea con el bancal profundo utilizado por John Seymour, surge un sistema más moderno desarrollado por Gaspar Caballero de Segovia que ha tenido gran acogida en huertos escolares, familiares y de alquiler.

El sistema consiste en generar unos 4 huertos o paradas de proporciones estrictamente definidas, empleando un sistema de riego exudante, utilizando una capa de compost o vermicompost como acolchado para mantener todas las propiedades del suelo.

Además, se dispone en el centro una serie de plantas aromáticas u ornamentales que crean asociaciones favorables con los cultivos y repelen plagas y enfermedades.

Entre los muchos beneficios que tiene, uno de ellos es la comodidad de trabajo una vez se ha diseñado, y su bajo mantenimiento los años siguientes. ç

También defiende la doctrina de no pisar el huerto, por lo que el sustrato conserva todas sus propiedades durante mucho más tiempo.

Al igual que en el bancal profundo y al estar el suelo muy cuidado, permite reducir el marco de plantación y cosechar mayores producciones.

Huerto en surcos

El huerto en surcos quizá sea uno de los métodos más tradicionales que nos vamos a encontrar en este libro. Al contrario de dejar el huerto tal cual está, se crean unos surcos elevados donde, en la parte alta, se plantan los cultivos que el hortelano desee.

El planteamiento se inicia en dividir el huerto, sea del ancho o largo que sea, en partes proporcionales según el número de surcos que se quieran disponer. Cada uno de ellos tendrá entre 30 y 40 centímetros de ancho, y largo lo que mida el huerto. De esta forma hay 30 centímetros de montículo o resalto, 30 centímetros de llano y así sucesivamente.

Trabajar con este huerto no difiere mucho con respecto al método tradicional salvo en una cosa, que no se producen encharcamientos.

Si se dispone de un huerto con mal drenaje y no se desea, por economía o esfuerzo, solucionar el problema, este sistema permite que el agua de riego se canalice por la parte de menor altura, de forma que el agua que pueda estancarse no supone un problema para las plantas, evitando el riesgo de pudrición del sistema radicular.

A parte de los beneficios que ofrece poder regar con generosidad y olvidarse de las preocupaciones de un suelo encharcado, el sistema de huerto en surcos o caballones ofrece algunas ventajas más.

Por ejemplo, al disponer un terreno donde los cultivos se disponen en una parte concreta del surco, el hortelano puede caminar sin mayor problema por un lado (el de menor altura) sin perjudicar la estructura de la tierra que contiene a las plantas.

Dicha tierra se encontrará, por tanto, más aireada, menos húmeda y más suelta.

Este sistema era muy típico antiguamente, cuando se regaba a manta, liberando grandes cantidades de agua que se desplazaban por gravedad a todas las partes del terreno cultivado.

El agua permanecía retenida en las partes bajas de la tierra manteniéndose húmedas pero no encharcadas las raíces de las plantas que se situaban en la parte alta de los surcos.

Hoy en día se sigue utilizando esta variante a escala, con resultados no tan espectaculares como el del bancal profundo u otros sistemas similares, pero bastante adecuados al nivel que el horticultor pueda pretender.

Recuerda que no todos tienen acceso a generosas cantidades de materia orgánica como las que se solicitan en dichas técnicas de cultivo.

Bancal elevado

bancal elevado o huerto elevado

El bancal elevado es la oportunidad idónea para disponer un sistema de cultivo más cómodo y eficaz. Básicamente es la única diferencia con respecto a otros sistemas que también persiguen conseguir un terreno mullido y esponjoso.

El sistema consiste en elevar el espacio donde se cultiva, permitiendo que se pueda trabajar con menor esfuerzo y disponiendo una postura lumbar más cómoda.

Las ventajas encontradas en el sistema del bancal elevado son las siguientes:

  • Mayor comodidad de trabajo, disponiendo una postura cómoda para cuidar el huerto.
  • Al elevar el terreno se obtiene una tierra más suelta, mullida y esponjosa, con los beneficios que conlleva.
  • Mayor control del huerto, facilidad en la eliminación de hierbas adventicias y detección de problemas.
  • No es necesario arar el suelo una vez el bancal elevado está construido, puesto que es un terreno que no sufre compactación mecánica de ningún tipo.

Por el contrario, los únicos inconvenientes que conlleva la realización del bancal profundo se limitan al esfuerzo de conseguir montarlo y la disponibilidad de materiales.

Por si te has quedado con ánimo de aprender más técnicas sobre el huerto, te contamos algunas más en estos enlaces.